DESCUBRA LOS NUEVOS MODELOS
Después
de tu locura, mil veces intenté cerrar mis manos, alrededor
del cuello de una diosa y no he podido, mi corazón tiene
sus límites, entre mis manos se esconde siempre un verso
apasionado. Cuando lo único que ambiciono es matarla, la
estrangulo en una frase breve, entre guiones. Salpico su
hermosura con puntos suspensivos. Me fascino entre signos
para ganar su simpatía y, después, la mato con un punto.
No quiero decir con esto que, a lo mejor, algún día, en
la cama de algún hotel, en alguna ciudad lejana y extranjera,
yo quiera, en un olvido, llevar mis dedos hasta lo profundo
de su sangre. Con mis dedos perforar su garganta, buscando
antiguas perlas, mecanismos en descomposición. No digo eso,
tal vez, la vida, la no vida. El ser viviendo pero apenas.
El no ser, siempre encallado en serlo. Los máximos agujeros
todos en círculo frente a mí, ¿quién sabe? ¿quién te dice
que, ese día, no escriba mi último poema?
QUERIDO LUIS ALTHUSSER,
te dedico esta página por los gritos que nunca más escucharás.
Cuando ella moría entre tus brazos, pero no moría, el goce
era infinito, yo lo sé, ¿quién no lo hubiera hecho? Yo vi
cómo sus ojos se quedaban vacíos, cómo su lengua caía en
un rincón del cuarto.
Yo vi cómo sus gritos se quedaron helados. Y la este dedico
esta página por los gritos que nunca más escucharás. Cuando
ella moría entre tus brazos, pero no moría, el goce era
infinito, yo lo sé, ¿quién no lo hubiera hecho? Yo vi cómo
sus ojos se quedaban vacíos, cómo su lengua caía